
El hombre entrega las llaves. Las mismas llaves que abrieron y cerraron tantas veces esa puerta. Las llaves que se perdían, se encontraban y se volvían a perder. Esas llaves que siempre molestaron en el bolsillo derecho, que se helaban en invierno y que más de una vez fueron el juguete preferido de sus hijas. El hombre y sus llaves. Llaves que le recuerdan, que le sacan un par de lágrimas, que le encogen el corazón. Toma, ahí están las llaves, dice, antes de cerrar por última vez esa puerta que hoy se le vuelve cada vez más y más extraña.
2 comentarios:
lindo el hombre
El hombre debiera saber que las llaves están para abrir puertas, y que las que se cierran, por mientras o por siempre, no extinguen las otras miles que aún permanecen cerradas.
Suerte.
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