
Las penas de amor se pasan comiendo cazuelas. Así pensaba Evaristo Gutiérrez allá en su tierra, cerca de Melipilla. Un día su nieta Antonia apareció ahorcada cerca del gallinero. Su novio Raúl la había dejado por otra. La familia Gutiérrez todavía anda de luto por la bella Antonia y Don Evaristo, de vez en cuando, llora cada vez que come una cazuela.
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