domingo, febrero 07, 2010

DILUVIO


Así de pronto, sin más, recordó los temporales de los años 80. Del ventanal de la casa en Quilpué, desde donde veía los ciruelos del jardín doblarse por la fuerza de un viento rabioso. Antes la lluvia caía 10, 11, 12 días seguidos. Los detalles de la tormenta se conocían por las radios AM y por los rumores del pueblo que hablaban de casas inundadas, de gente con el agua hasta el cuello, de calles convertidas en verdaderos ríos salvajes. El sólo era un niño que pasaba sus vacaciones de invierno en casa de su tía. Un niño que se dejaba sorprender por el silbido del viento y el agua que golpeaba contra la ventana. Una noche de tormenta, un corte de luz lo sorprendió en medio del largo pasillo. El terror lo sintió en la espalda, luego en su estómago, finalmente en sus piernas. Aunque no hay testigos, jura que el fantasma de abuela pasó de una pieza a otra. Dice que la abuela llevaba un paraguas en la mano.

1 comentario:

Pame dijo...

Las catástrofes, la naturaleza violenta y desmedida, las inundaciones, los terremotos...
Somos un inmenso cuerpo tejido de miedos y deseos.

No quiero tener, quiero vivir
No quiero que se me olvide y a veces las sacudidas me ayudan a recordar lo que de verdad importa

Te quiero mucho amigo mío